El “Conflicto Mapuche” a la Luz de Laudato Si´

//Por Axel Bauckhage, Pablo Latorraca, Milena Magán Paoloni y Francisco Spratt//

El Laudato Si’ del Papa Francisco es una encíclica que habla sobre el cuidado de la casa común. Se enfoca principalmente en el cambio climático que se está viviendo y cómo esto nos afecta. Se puede interpretar el concepto de “casa común” en la enmienda de tres maneras; como la casa en la que uno vive, como una institución educativa o religiosa, y como la tierra que todos habitamos.

En varias partes de la Encíclica se habla sobre los pueblos originarios y la importancia de estos. Por ejemplo en LS se destaca que es necesario acudir a las diversas riquezas culturales de los pueblos (…) para poder resolver la crisis ecológica y sus causas.

El desalojo de la comunidad Mapuche por parte del Estado podría ser una acción lógica según el punto de vista del mismo ya que se basa en normas propias como la protección de la propiedad privada y la inviolabilidad de ésta. Aunque en LS 93 se remarca: “Con toda claridad explicó que «la Iglesia defiende, sí, el legítimo derecho a la propiedad privada, pero enseña con no menor claridad que sobre toda propiedad privada grava siempre una hipoteca social, para que los bienes sirvan a la destinación general que Dios les ha dado»

Los pueblos originarios protegen más a la Tierra que una empresa que busca explotar ésta en su beneficio. LS 67 “Cada comunidad puede tomar de la bondad de la tierra lo que necesita para su supervivencia, pero también tiene el deber de protegerla y de garantizar la continuidad de su fertilidad para las generaciones futuras.” Hay que decir también que la Encíclica no está en contra de las empresas, en LS 129 se afirma que la actividad empresarial es “una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos, puede ser una manera muy fecunda de promover la región donde instala sus emprendimientos, sobre todo si entiende que la creación de puestos de trabajo es parte ineludible de su servicio al bien común.” El problema surge cuando las empresas explotan un área y/o a los trabajadores de manera tal que no haya ningún beneficio social o que se dañe al medio ambiente de forma irrecuperable.

Aunque la tradición cristiana no reconoce como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada subraya que esta tiene una función social. Esta función social de las tierras es importante en especial para los indígenas que tienen otra relación con la tierra, ya que tienen otra cultura, valores y tradiciones en la que pueden ver a la tierra como algo comunitario. LS 48 expresa muy bien la relación entre los pueblos y el medio ambiente que dice: “El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social.” Otro inciso que habla sobre la explotación de recursos, los pueblos y la tierra es LS 145 que dice: “Muchas formas altamente concentradas de explotación y degradación del medio ambiente no sólo pueden acabar con los recursos de subsistencia locales, sino también con capacidades sociales que han permitido un modo de vida que durante mucho tiempo ha otorgado identidad cultural y un sentido de la existencia y de la convivencia. La desaparición de una cultura puede ser tanto o más grave que la desaparición de una especie animal o vegetal. La imposición de un estilo hegemónico de vida ligado a un modo de producción puede ser tan dañina como la alteración de los ecosistemas.”

Se habla también sobre los deberes de los Estados, como en LS 38 que dice “Es loable la tarea de organismos internacionales y de organizaciones de la sociedad civil que sensibilizan a las poblaciones y cooperan críticamente, también utilizando legítimos mecanismos de presión, para que cada gobierno cumpla con su propio e indelegable deber de preservar el ambiente y los recursos naturales de su país, sin venderse a intereses espurios locales o internacionales.”

Además “Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno (San Juan Pablo II).

¿Cuál es entonces la solución? Hay que empezar a buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza (LS 139).

Habrá que priorizar la educación y la espiritualidad ecológica.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *