El que no tenga pecados, que arroje el primer cascotazo

 

Leonel kodnia

Y cuestión que estaba Jesús paseando por su tierra. Vio un grupo de gente de aventaba piedras; preguntó por qué lo hacían. Le contestaron que se votó a favor de un presupuesto digitado por el FMI. Jesús lo miró con calma, le sacó la piedra, y se la tiró al primer policía que vio. 

Esta situación es irreal. Lamentablemente el argentino no sabe distinguir una cosa de otra. La historia, la verdadera, no la parodia, comienza con un Jesús que invita, no solo a la reflexión, sino a la distinción. Qué quiero decir. A la muchachada aireada que apedreaba a la prostituta no le importaba su condición de prostituta, ni la persona, sino el oficio, el oficio de ser puta. Como a mucha gente le molesta también el oficio de ser pobre, de ser remisero, de cobrar un plan. Lo que sea. La Gente aireada y canibal por decretar una sentencia y afirmar una culpa, cesa inmediatamente después de escuchar al extraño de pelo largo: “muchachos… El que no tenga pecados, que arroje la primera piedra”. Realmente este episodio me parece una fábula. No hay forma de que una multitud encarnecida se sociegue ante un razonamiento tan intelectual. Nadie hace reflexión en una protesta, nadie, y menos cuando la protesta es contra de algo que es etiquetado como “horroroso”. Muy probablemente los judíos le hayan dicho “callate nazareno, no te metas”. Pero la historia, sin ser honesta, es reveladora. La frase instiga a separar dos cosas: una determinada creencia u opinión, y los propios actos de uno, que son, muy probablemente, tan nefastos como los del otro.

Esto que quiere decir, si usted señora, señor, señxr vio con dolor el lamentable espectáculo que se vivió dentro del recinto de diputados con todo un bloque UCR que se resiste a ser de clase media; también, y eso es necesario admitirlo, debe horrorizarse con los cascotazos de afuera.

Lo que nunca debe hacer, este donde esté es quitarle relevancia a un hecho por contraposición del otro. El repudio al presupuesto es tan legítimo como el repudio al chaparron de cascotes; ahora, que la gente haya viralizado su repudio con piedras y adoquines, no quita que lo reclaman sea legítimo.

El arma de la piedra es doble y filosa: a los que aprobaron el proyecto, les conviene desviar la atención; a los que reciben las balas de goma les conviene desviar la atención hacia las balas de goma, o la negligencia de la banda política de turno, pero no hacía ellos mismos.

Jesús no defendió la prostitución, defendió a la puta, que es otra cosa. Defendió al individio que estaba siendo vulnerabilizado, discursivamente también, en pos de una conducta social que, sea legitima o no, es una conducta. Jesús aventa otra piedra, mucho más pesada y oblonga: la verdad. Y esa si no se discute. No porque hay una verdad, sino que dice todo lo contrario: no hay ninguna. O no hay ninguna verdad que valga la pena un cascotazo.

Es así. En un tiempo donde se ha demostrado que es imposible mantener de manera unívoca una verdad indubitable, este frase no nos invita a decontruir e imponer una verdad, sino todo lo contrario, que la verdad es analógica.

Analogía es como decir “trabajo en equipo”.

Leonel Kodnia

l.kodnia@usal.edu.ar

Inst.

1 comentario de “El que no tenga pecados, que arroje el primer cascotazo”

  1. Inteligente y certero analisis..
    Comparto el repudio al presupuesto, a los cascotazos y a las piñas del recinto.

    Si la Verded como bien supremo tiene que ser defendida con violencia, ya no queda lugar donde fomentar la palabra, el respeto y el amor.

    Felicitaciones!

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