El trago de la Magdalena

Cómo no recordar los consejos de Sabina cuando hablamos de ella:

Y, si la Magdalena pide un trago,
Tú la invitas a cien que yo los pago

Olvidada, desprestigiada, ficcionalizada, la figura de está exquisita discípula nos llena de atracción. Fue la primera, la más valorada, la madre de la simiente de un Dios. No importa, su figura reviste un conjunto de simbolizaciones que hoy, y justo más que hoy, debemos pensar y repensar. A esta ardua tarea nos lleva Daniel Favieri, que como Sabina, le invita un trago a la Magdalena.

Editorial

 

El rol de la mujer como progreso del hombre.

El desconocimiento histórico que se realiza sobre el rol de la mujer en los progresos de la sociedad cuenta con un nudo fundamental:

“en una sociedad antiguamente dominada por los hombres, entender a la mujer como el sostén de un nuevo proceso social resulta imposible”.

Tratando de conceptualizar de alguna forma algunos puntos de unión en los distintos momentos de nuestra vida terrenal, resulta imperioso retrotraernos a claros ejemplos del caso.

María Magdalena representó para la interpretación (tanto de apócrifos, blasfemos y católicos también) el punto más débil de la Biblia. Ese espacio en el texto en dónde todo hace ruido. Ese contexto enmarcado en sendos debates a la vez que insólitas licencias de críticas feroces.

Lo razonable del asunto sería pues entender qué se criticaba…

Primero la relación oficio – mujer. El carácter de prostituta que la multiplicidad de discusiones se encargó de promulgar consecuentemente y aprovisionó de valores negativos la figura de la Magdalena. Y segundo su relación con Jesús. Si era su esposa, si era su amante o si era su discípulo, incluso si era el mismísimo grial.

Cuestiones al margen que no enaltecen el texto, la figura de María Magdalena no era vista dentro de la figura patriarcal del hombre como aquella mujer que sostuvo a Jesús, no solo en la Cruz, sino a través del tiempo. So pretexto de esto, se distorsionaba el inconveniente: los hombres habían negado al Hijo de Dios, lo habían insultado y lo habían crucificado. Sin embargo la prostituta, la pecadora y “la mujer” lo había acompañado hasta su momento final, claramente algo para lo que la humanidad no estaba preparada.

Un poco más allá en el tiempo, en la antigua Roma, la mujer ocupa un rol dentro de lo que refiere a la primera Educación de sus hijos. Será la primera en darle el alimento, el cobijo pero además será la única con la potestad de definir su destino hasta los siete años. Así, con la mujer, Roma como civilización comienza a darle valor a la composición de la familia en la búsqueda de esos ideales basados en la virtud romana. En este caso, no será solo el padre el elemento formador de los futuros líderes, sino que la madre cumplirá una importante labor en el futuro de los hombres. Por lo tanto, en su conjunto, dentro de esa pequeña sociedad que resulta ser la familia, la mujer se vuelve a un rol de preponderancia y sostén dentro de un marco igualmente dominado por el género opuesto.

Analizando grandes liderazgos, en la Edad Media, el rol femenino comienza a ocupar espacios políticos y sociales dentro de una estructura antigua. Su rol político (ya sea acompañando al rey o a miembros de la nobleza) como su rol de campesina (pujando desde abajo, labrado la tierra a la par de su marido, cuidando a los hijos o luchando en revueltas sociales) la incorporan en un mundo que está pronto a cambiar. La mujer del iluminismo ya no será la misma. Con la razón como estandarte, la trascendencia femenina se vuelve un conflicto social.

Para la misma época, pero en el Río de La Plata, las mujeres que batallaron por la Revolución de mayo, las mujeres que vincularon sus riquezas a la suerte de San Martín o mujeres de la talla de Dolores Costa (la mujer de Urquiza) sostuvieron a líderes masculinos de fuerte impronta pero otorgándoles un ascenso humanizado dentro de la sociedad. Ya no era lo mismo hablar de San Martín toda vez que se le reconocía a Remedios de Escalada como la figura y el medio de su política social.

A la par, Urquiza, militar de rasgos dominantes, adquiere gracias a Dolores una reconfiguración de su figura dentro de las tertulias y las reuniones de élite y es visto por cierta parte de la sociedad de entonces como un nuevo hombre de familia.

A este pensamiento añado lo siguiente: no hubiera sido lo mismo hablar históricamente de Juan D. Perón sin la figura de “liderazgo espiritual” que el pueblo argentino encontró en Eva Duarte. Por caso, mientras él era la diplomacia y el pragmatismo, Eva era la fuerza de choque y defensora a ultranza del símbolo peronista a través de los años.

Revisando un poco la Historia, recordando algunos posicionamientos desde la antigüedad hasta hoy y puntualizando en el presente, el rol femenino ha evolucionado en relación a la figura masculina.

Si bien el camino es largo y sinuoso para el considerable reconocimiento del género, es preciso decir que la lucha, contagiada por los distintos movimientos sociales, se ha vuelto fundamental en tiempos de grades opresiones. Y María Magdalena como inicio de este texto, se vuelve el símbolo de la polémica… ¿Estamos preparados los hombres para discutir su verdadera valoración?

No callar significa no ceder. De esa forma, en distintos países del mundo, las presidencias de las naciones ocupadas por mujeres han dado paso a un nuevo paradigma dentro de la realidad cultural de cada región. Cada partido político dentro de la Argentina debe contar en su padrón con un 50 por ciento de mujeres. Sin embargo un solo partido logró dicho consenso. Por lo tanto, si bien la lucha femenina ha marcado el ritmo de  los últimos años, vuelvo a la frase inicial de este párrafo y la reformulo: No ceder, significa no callar. Esto es, básicamente, que la voz se debe de multiplicar en todos los sectores de la sociedad a fin de concientizar una verdadera igualdad de género.

 

Daniel Favieri

 

 

 

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