FELIZ AÑO PASADO O DE LOS MISTERIOS QUE ENROLLA EL PIONONO

FELIZ AÑO PASADO O DE LOS MISTERIOS QUE ENROLLA EL PIONONO

 

 

 

 

 

 

 

 

La mesa plagada de formas, olores, colores, fluidos. Migas, risas, aún resuenan coros petardosos en el aire; olor a pólvora residual en el viento. Sobre mantel recubierto de caparazones de nueces, astillas de mantecol que alguno todavía junta con la yema del dedo, se abre la inmensidad: el indecible venir del año que empieza. Y ahí en ese silencio post festejo, tomás conciencia de lo que se fue, de lo que falta, y sobre todo de los que faltan. Porque llega un momento en la vida en el que uno tarda más en destapar el shampoo que contar los pelos de su cabeza, un momento en el que contar los platos para la mesa del 31 es más fácil. Cada vez somos menos, hay muchos que recordamos. Esta noche es la noche donde el tiempo nos echa encima todo su poder y nos descubre todo lo que fue, porque somos seres afectados por el tiempo, que lo habitamos y que él nos habita, que es lo mismo; protagonistas de un relato que se da en la historia. Y nos damos cuenta que somos carne, no solo cuerpo. Entonces, cuando percibimos sus efectos en nuestra cabeza, en los platos, que nos trae el nacimiento del ayer, no soltamos el jabón para agarrar el shampoo, sino que así como venimos continuamos con la cabeza. Todo es continuidad. Lavarte el pelo con el jabón de tocador que ya tenés en la mano para nada es un evento pueril o intrascendente, todo lo contrario, es un acto de coraje. Asumir que el shampoo no es imprescindible para nuestra cabeza es asumir nuestra existencialidad, nuestro ethos en el mundo, nuestra temporalidad. Percibir la continuidad entre el jabón de mis manos y mi calva, percibir lo que falta, es de sobra humano.

La continuidad entre lo que fue y lo que es no se la reduce a la extensión, ni a la repetición. Es otra cosa, continuidad es seguir. Seguir adelante a partir de lo que ya se vivió. El pasado es el motor de la continuidad. Como en un ciclo Hertz. La frecuencia de amplitud solo es posible mientras se tenga lo anterior, lo que se vivió. No importa tanto el futuro, que siempre es imprevisible, sino el pasado, que también es conjetura. Porque remontarse al ayer es una experiencia inefable, cargada de fragmentos dudosos. El tiempo que nos ha habitado ha dejado huellas, fragmentos de un pan que ha jugado a desmembrar: sentencias, aromas, voces, texturas que sentimos en la piel incluso en su ausencia, pero nunca un todo organizado y armado. El tiempo ha vertido estas semillas a lo largo de la carne, para que no sea la mente la única privilegiada. ¿Qué es la razón sin el cuerpo?

Desde mucho tiempo se ha cargado a la historia de una linealidad. ¿Qué significa? Qué la historia va para adelante, a un futuro más poderoso, hasta llegar a una historia especial, a lo mejor: la historia de la salvación, el progreso, la cinta de la fábrica y el neoliberalismo, son caras de una misma pirámide. Todas hacia adelante, todo avanza, se olvidan del hoy, lo denigran. Pero la continuidad de la que hablo es la que se logra gracias al silencio del ayer. Como el pionono de roquefort, nuez y apio, que se enrosca hacia adentro, donde las vueltas se enfrentan mojándose, tocándose, irrumpiéndose, como el matambre que se vuelca hacía sí mismo. Y es así que somos tiempo, mojándonos con el roquefort de nuestros ayeres, dejándonos inundar por el sabor parcial de lo que no está, de lo que ya pasó. Solo el cuerpo cuya carne ha sido mechada por el tiempo puede comprender su presente.

Continuidad de un saludo que es don y recibir al mismo tiempo. En guaraní una misma palabra indica el acto de dar y al mismo tiempo el de recibir: jopoi. Porque ellos se dieron cuenta, y no los alemanes, los ingleses o franceses, que el gesto que extiende la mano para dar, es el mismo gesto que se extiende para recibir. El año que termina es un ayer donado y al mismo tiempo uno que se recibe. Don y reciprocidad. ¿Cuánto tenemos los argentinos que pensar en esto?

Así que, amigos, no brindemos por lo que viene, no vale la pena, no existe. Brindemos por lo que pasó, por lo que nos fue dado, por lo que hemos sentido, por los que hemos llorado, a quienes hemos llorado, por los que abrazamos, por los que besamos, a los que alzamos y llamamos hijo, esposa, madre, padre, hermano. Brindemos por los que nadie brindó, por los olvidados, por los que están del lado oscuro de la grieta, donde la luz de ninguno de los dos extremos llega. Brindemos por el año que hemos vivido sin otra razón que un amor de ser. Brindemos por el mesías que asumió ser historia, se hizo pasado, se hizo carne acontecida.

Dejemos que los piononos nos cuenten más secretos como estos.

 

FELIZ AÑO PASADO

La Editorial

Agustín, Leonel, Sabrina

4 comentarios de “FELIZ AÑO PASADO O DE LOS MISTERIOS QUE ENROLLA EL PIONONO”

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