La conversión de Pablo y otras cosas…

//Por Leonel Kodnia//

 

 

De todas la figuras públicas que ostentaron ser cristianas, hay una en particular que le roba su lugar a Juanse: Constantino, no Kneanu Reaves, sino el emperador Constantino. Su conversión en el año 325 de nuestra era marca un antes y después de la iglesia. Si antes eran unos perseguidos, que vivían su adhesión al Mesías a escondidas del emperador, ahora son vanagloriados por el mundo político, ya que la conversión del emperador marca la conversión del estado a esta nueva religión, lo cual supone el abandono de las antiguas tradiciones paganas a favor de otras nuevas tradiciones religiosas. Y el proceso, como todo proceso no fue fácil de asimilar. Para facilitarlo el grupo de cristianos, ahora convertido al mundo imperial, utilizó ciertos ritos que estaban instalados en el imaginario del mundo bizantino y occidental, rebautizándolos a favor de lo que ellos querían expresar. Este tipo de recurso era bastante habitual en el mundo antiguo. Bastaba que un rey se convirtiera a una determinada religión, para que esta fuese la oficial del reino.

En fin, de todas las conversiones que uno podría citar, se inscribe en los anales de la historia, otra conversión, más importante para el mundo católico que para la historia en sí, y es la conversión de Pablo de Tarso. Este muchacho, a quien conocemos por sus cartas y sus consejos, no fue un Dalai Lama de los cristianos, sino todo lo contrario, su verdugo. En los primeros tiempos del cristianismo, Pablo se dedicaba a cazarlos, ya que fueron considerados como una secta del Judaísmo.

Es interesante atender aquí, todo el revuelo político que causo el Mesías, que se atestigua con su muerte crucificado. El alboroto político era lo que se esperaba de un personaje como este. EL libertador bajo ningún punto de vista sería un enviado meramente espiritual, sino que tendría una función política importante. Y así lo fue. Jesús comía con prostitutas y ladrones, republicanos, asistía a fiestas, causaba bastante quilombo. Nada que ver, al Pantocratos, al Cristo, a la subordinación de su figura política por su figura espiritual y gobernadora, hecho que empieza el cuantioso gobierno de la iglesia sobre las instituciones gubernamentales imperiales. Esa es otra historia.

Pero como decía, que el Mesías era un alborotador político, y que Jesús cumplió con esa figura, no era de esperar que lo quisieran bajar, hacer desaparecer, eliminar. Todo el movimiento mesiánico de los primeros cristianos, tiene esa veta, y son más alborotadores del orden político establecido, que de otra cosa. Así que Pablo, como judío muy fiel, se encarga de esa tarea tipo Terminator.

El tema es que en un camino a Damasco, según cuenta el, se le aparece una figura, que él reconoce como Jesús, y pum, se convierte, se da cuenta que fue medio boludo, y recapacita, y listo, empieza a escribir esas cartas a diferentes comunidades, a las cuales ayudaba y sostenía.

Una de las aventuras de este señor Pablo, fue en algún aerópago griego. El loco fue a hablarles sobre este nuevo Dios, y ellos se le cagaron de risa cuando tiro que la carne resucita. Porque eso es medio loco para el mundo griego. Porque ellos querían librarse de la carne, la carne era mala, era caca; y el cristianismo también lo pesaba así, pero a diferencia del mundo griego, esa carne resucita, en un estado más piola y bueno. Eso a los griegos no les cabe y lo bardean, le dicen, tómatela Pablo, que va a resucitar. Cosas que le pasaron.

El tipo pasó por todos lados, fue de acá para allá llevando el Evangelio, hablando de que hay que ser bueno, de ser santos y esas cosas. El tipo era una especie de loco, porque imagínate, todo el mundo le pegaba, lo encarcelaban, y el tipo chito la boca, nunca un bardo, una espada, un equipo terrorista en Barcelona. Nada, paciencia. Porque realmente, locura es salir de la ley : ojo por ojo, como el samaritano.

La idea que nos viene a traer Pablo es el tema de la mejoría. Se puede dejar de ser un tipo basura, que mea la tabla y no la limpia, no pasa la escobilla después de hacer sus necesidades en el inodoro, no se toma el primer mate y se lo da a otro. Se puede. Eso es justamente la conversión,  no solo pasar a ser cristiano, budista o musulmán, sino que en cualquiera de ellas yo pase a ser un tipo íntegro, con valores, sano. Responsable no solo de no perjudicar al otro, sino en asistirlo. El grito de Levinas “soy responsable del otro” es bastante cierto, y nada frívolo. El caso es que Pablo nos muestra que se puede, no a lo Macri, sino que se puede de verdad. La macana es que a Pablo lo terminan matando, eso no está bueno, pero bueno, cuestión el tipo ayudó mucho, y eso vale un montón. Se convirtió, y pagó, y el mesianismo no se mancha.

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