La religión de Sarmiento

Hoy se cumplen 208 años del nacimiento de Domingo F. Sarmiento. Uno de los personajes de la historia argentina de los más nombrados pero de los menos conocidos. Hace unos cincuenta años, un importante historiador sarmientino tituló su libro como “Sarmiento. Ese desconocido”. Hoy pareciera que mucho no hemos cambiado.

En esta ocasión nos vamos a detener muy brevemente en solo un elemento de su polifacético pensamiento: la religión. No es mucho lo que se ha estudiado sobre el tema, más bien los que hablan parecen tener ya su pre-juicio al respecto y desde allí opinan.

Antes de continuar, un dato de interés: ¿por qué sabemos que nació un 14 de febrero? Sencillo, porque lo llamaron según el santo del día: San Valentín. En realidad, su nombre original fue Valentín Faustino Sarmiento. Años más tarde le cambiaron el nombre a “Domingo” en agradecimiento a Santo Domingo de Guzmán (había sucedido que él fue el único varón que sobrevivió a las enfermedades de la niñez en su familia). Sobre el apellido también hay curiosidades, ya que en realidad debería haber sido “Quiroga” y no “Sarmiento”, pero eso será para otra ocasión.

Su acta de bautismo, fechada el 15 de febrero de 1811, dice así:

“En el año del Señor de mil ochocientos once, en quince días del mes de febrero, en esta iglesia Matriz de la Frontera y parroquia de San José, yo, el teniente de cura, puse óleo y crisma a Faustino Valentín, de un día, legítimo de don José Clemente Sarmiento y doña Paula Albarracín. Bautízolo el otro teniente, fray Francisco Albarracín. Padrinos: don José Tomás Albarracín y doña Paula de Oro, a quienes advertí el parentesco espiritual y para que conste lo firmaos. José María de Castro”

Dejemos las curiosidades de lado y entremos en el tema de hoy: ¿Sarmiento fue o no un católico convencido? ¿fue o no un liberal enemigo de la religión? ¿fue o no un laicista? ¿qué rol cumplió en su vida la masonería?

Estas preguntas nos llevarían mucho tiempo responderlas, y ya habrá ocasión para ello en otras circunstancias. Por lo pronto diremos ahora que Sarmiento fue primero, antes que otra cosa, un periodista. Por tanto, su pensamiento estuvo siempre ligado a los acontecimientos que iba viviendo. No podríamos asegurar tajantemente que se haya tratado de un pensador sistemático.

Esto nos da una primera idea ya que podríamos encasillarlo en alguna categoría (tal como “católico”, “cristiano”, “masón”, “laicista”, “anti-clerical”, etc.) y todas ellas tendrían razón. El error sería pensar que fue una sola de ellas, porque eso supondría pensarlo de una forma estática, lineal, y eso no fue lo que sucedió. Por el contrario, como periodista buscó siempre incomodar, poner en debate, ser reconocido, haciendo más hincapié en polemizar que en sostener una opinión.

Quien quiera creer que Sarmiento fue un importante difusor de la fe católica tiene razón, no solo porque de hecho sí lo fue sino también porque él mismo se jactó de serlo en reiteradas oportunidades hasta bien entrada su vejez. Pero también luchó contra Iglesia católica y se enemistó con varios sacerdotes de la jerarquía y con la Compañía de Jesús. Luchó para correr la educación católica de las escuelas pero siguió recomendando sus catecismos hasta las postrimerías de su muerte.

Así mismo, quien quiera decir que fue un masón comprometido con la secta también tiene razón, ya que fue inclusive gran maestre. Se podría decir otro tanto sobre su laicismo férreo abogando por un tipo de separación de la Iglesia y el Estado. Pero se podría objetar que abandonó la masonería durante su presidencia de la nación por considerarla insuficiente y contraria a la libertad que debería de tener un mandatario en cuanto a la posibilidad de injerencia de ideologías y organizaciones. Y, aún más, siempre consideró que la religión católica y el cristianismo en general, eran la mejor y más importante herramienta en la educación de los niños. Apuntó a que sea el hogar materno el primer escalón de formación de la conciencia de los futuros ciudadanos. Ese fue sin duda su máximo compromiso educativo.

Para ir concluyendo, hemos intentado rápidamente brindar algunas pistas para seguir pensando a “ese desconocido” de Sarmiento. Su pensamiento es tan polifacético como ambivalente. Escapa a categorías cerradas que surgen muy a menudo entre historiadores prejuiciosos.

El cristianismo representó, en su pensamiento, una nota fundamental de civilización, de educación primordial para el correcto desempeño de los ciudadanos. Los valores que se desprenden del Evangelio le fueron una utopía real posible que se comenzaba por la educación desde pequeños.

En este nuevo año de su nacimiento, esperemos podar tomar su intuición para seguir pensando una Argentina mejor.

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