La xenofobia de Belén

Por Agustín Podestá//

¿Alguna vez te preguntaste por qué la escena del pesebre, la que da origen a la festividad de la Navidad, espacio y momento donde Dios se hizo persona humana, sucedió en un establo y no en la comodidad de una casa?

Comúnmente aprovechamos la situación para recordar la importancia de la humildad, del silencio, porque es la noche donde “todo duerme en derredor”. No está mal, pero es ciertamente incompleto y, a mi gusto, algo tendencioso… ¿leemos el texto?

En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue.

(Lc 2, 1-7)

María y José no pertenecía a Belén, no eran de allí… eran migrantes! Ajenos a la tierra, forasteros, extranjeros (hechos que, por cierto, se repiten luego de que Jesús nació y debieron huir a Egipto).

María dio a luz a Jesús en esas condiciones porque la gente de Belén los dejó afuera. No les abrieron las puertas, para los extranjeros “no había lugar”. De hecho, para ellos fue “noche de silencio” mientras que para los pastores fue noche de alegría. Los ángeles se les aparecieron y, tras contarles la noticia del recién nacido, cantaron alabando a Dios. A su vez, ellos:

Fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de que decían los pastores. Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.

(Lc 2, 16-20)

Para los pobladores de Belén (¿quizás algo xenófobos?), la revelación del Dios hecho persona, el nacimiento de Jesús, el origen mismo de la Navidad, pasó desapercibida. Su exclusión del pobre migrante, la estigmatización de los que “no pertenecen acá” hizo que, paradójicamente, sean ellos los que “se quedaron afuera”.

Estamos viviendo un momento muy particular en todo el mundo, los grandes procesos migratorios se dan por necesidad, por obligación, por falta de trabajo, de alimento, de futuro. Muchas veces encuentran, sin embargo, en los lugares a donde llegan, tanta o más marginación que de la que huyeron.

Pidamos que en estas fiestas aprendamos a no ser como aquellos de Belén. No olvidemos nunca que la fiesta “navideña”, esa que tanta comida, regalos y dinero nos saca, esa misma fiesta empezó con una pareja de extranjeros necesitados.

1 comentario de “La xenofobia de Belén”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *