“Llamame Francisco”, una oportunidad para la historia argentina

Por Agustín Podestá // 

La miniserie de Netflix “Llamame Francisco” cuenta con tan sólo 4 capítulos de aproximadamente una hora cada uno, y le bastan para resumir momentos claves en la vida de Jorge Bergoglio y, también, de la Argentina.

Es cierto que “la historia la escriben los vencedores”, el problema es que los vencedores cambian con el tiempo, cambian constantemente. Quienes salen triunfales con y en la historia, no son sólo los del momento histórico concreto, sino que se actualizan constantemente y nos “re-cuentan”, nos “revisionan” la historia una y otra vez.

En estos cuatro capítulos podemos ver: la juventud peronista que ansía la vuelta del general; los cambios no democráticos de gobierno; la dictadura, los desaparecidos, las torturas, los viajes de la muerte, las abuelas y madres de plaza de mayo; el regreso de la democracia y los mentirosos y privatizadores “noventas”; y la inserción del narcotráfico en las villas.

Pero también, acompañando todos estos procesos “civiles”, la miniserie nos cuenta desde el protagónico del personaje de Bergoglio, “otra historia” argentina, que es la de la iglesia “no tan conocida”: los curas peronistas; los laicos, los sacerdotes y los obispos desaparecidos, torturados y/o asesinados; los que ayudaron a salvar jóvenes perseguidos por el ejército; la ayuda a abuelas y madres de plaza de mayo; las peleas para defender a las villas que querían ser arrasadas; el acompañamiento y la protección a los curas villeros que se enfrentan desde la pastoral al narcotráfico y avance de la droga.

Por cierto, la mirada sobre Bergoglio no es nada “angelical”. Más de una vez es presentado en sus dudas, pero también en sus enojos, su carácter fuerte y sus errores. Quizás esa es la pizca que termina de consagrar la serie, no se trata de un santo inmaculado contra el mal, sino de un ser humano que, con sus más y sus menos, vivió una historia no tan sencilla para ser vivida.

Concluyendo, creo la miniserie es un intento fiel y recatado para con la historia, no quiere convencer de nada, sino mostrar cosas, hechos y acontecimientos que pasaron en la historia de Bergoglio, pero también en la historia del país.

El único país del mundo que no quiere a Francisco es Argentina. Frente a eso, “Llamame Francisco” es una muy buena manera de presentarle la “otra historia” argentina a los mismos argentinos, y, a la vez, de presentarle la historia del país natal del Papa al mundo entero que hoy nos ve a los argentinos con mirada curiosa y de verdadera gratitud.

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