Navidad: celebrate la esperanza

Comienza el Adviento, que es un período en el cual nos vamos preparando para celebrar la Navidad. El 25 de Diciembre recordaremos el nacimiento de Jesús y para eso dedicamos algunas semanas para ir reflexionando y meditando.

Desde “Teología al paso” nos hemos propuesto una serie de pequeños aportes en este sentido. La temática gira en torno a la celebración y la esperanza, dos tópicos vivos y centrales en la tradición judeo-cristiana.

En esta oportunidad, compartimos por una breve reflexión sobre la celebración en conexión con la espera de Dios.

Editorial

 

Por Agustín Podestá//

Che Dios: celebrate la espera

 

“Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado.” (Lc 15, 32)

 

Esta cita es la respuesta que el “padre misericordioso” le da a su hijo mayor luego de que éste le reprochara por qué quería hacer fiesta por el hijo menor que había derrochado y malgastado su herencia.

La fiesta es puesta en contexto de misericordia. Dios, en su infinito amor “está a la puerta y llama”, no se cansa de esperar. No hay pecado que pueda superar la capacidad de su misericordia. Viendo a su hijo que volvía al hogar sale corriendo a su encuentro y, sin mediar palabra, lo abraza. Lo abraza antes de que “se confiese”, porque ya lo perdonó. Qué ironía: la “penitencia” que se le impone es la fiesta que se comienza a preparar. Lo que allí se dio, en realidad, es la re-unión de un vínculo roto, algo así como una reconciliación.

Motivo de celebración es, entonces, la recuperación del hijo perdido. De aquél que “estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”. Un poco antes, en el texto, Jesús enseñaba que “habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse”.

Es justo que haya fiesta” porque la medida de la celebración (“que haya fiesta”) es cuestión de justicia (“es justo”). Y la justicia del padre de la parábola se inscribe en la misericordia, en aquella por la cual Dios ya nos perdonó.

La fiesta es correcta, es justa, porque en Dios tenemos la garantía de aquél que nos espera, de aquél que está mirando al horizonte siempre. Está a la espera del hijo perdido, está a la espera de que su regreso. Y cuando la espera, que es espera con sabor a seguridad, se concreta en la llegada, la celebración se convierte en motivo justo. La fiesta no es simplemente gratuita, sino, antes bien, necesaria.

Dios es el primero que festeja, es un Dios de fiesta. Por eso a las expresiones litúrgicas las llamamos “celebraciones”. “Celebramos la espera”, que es el perdón de Dios, el amor infinito de aquél que nos “espera” siempre, dispuesto siempre a la fiesta.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *