Reivindicación de San Agustín

//Por Leonel Kodnia//

 

 

Hace algunas horas este humilde servidor dedicó un memorandum de santoral bastante anacrónico. No solo no recordé que era el día de San Agustín, sino que olvidé el día del bautizo de mi hijo, llamado Agustín, y que por esas boludeces simbólicas lo ingresamos en la cristiandad por esta fecha. El dibujo que acompaña el articulo, es el que dibujé para el souvenir.

Pero algo tenían que ver Pablo y Agustín: los dos se “convirtieron”. El pasado de Agustín fue un poco más copado, no mató a nadie, al menos no tenemos pruebas. Fue, si mis cálculos no me fallan, la primera estrella rock en convertirse. Hubo otro Juanse antes de Juanse. A este muchacho que vivía en África, le gustaban las minas, la joda, la falafa, y todo el abundante pecado de los primeros siglos. La mamá, Monica, que por llorar se hizo Santa, lloraba, mucho, porque su hijo se la pasaba de joda.

Cuestión que un día, nuestro Zack Efron de la cristiandad, se fue a Milán para reventarse en una gira de orgías a la italiana, y escuchó a un tal San Ambrosio, que en ese tiempo era solo Ambrosio; lo escuchó hablar, porque parece que era muy elocuente, y eso le gustó. Y bueno se hizo cristiano, y después hizo cosas de cristiano, un poco más aburridas, dejó las minas, el escabio, y se volvió obispo. Y llamativamente, siendo obispo, no volvió a las minas, al escabio.

Al final de su vida escribe sus confesiones:

 “tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé. Y he aquí que tú estabas dentro mí y yo fuera, y por fuera te buscaba, y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste”

Todas las grupies cristianas, tanto las octagenarias y adolecentes, se mean cuando leen esto, y lo citan, y lo rezan. Pero el tipo, más que un encuentro para la acción católica, estaba escribiendo una teoría bastante interesante, digamos que está fundando el concepto moderno de intimidad, que no existía. Porque a los griegos le chupaba un huevo lo íntimo; a ellos les interesaba la filosofía; para ellos las relaciones iban a ser “mente-mente”. La tragedía griega no opone intimidades, opone Caracteres, ethos, pasiones. Pensá  ese ultimo encuentro de Andrómaca y Hector, o fijate en Sócrates que se está muriendo y les da clases de Filosofía a su aren de alumnos que lo acompaña al suplicio.

Agustín, al contrario, encuentra que dentro de él, en su recóndito más adentro, no está él, es decir la substancia YO, como suponían los atenienses, sino que está el otro Absoluto, el otro que es Dios. Y eso es muy interesante. Vos fijate, hoy cuando usas la palabra íntimo no decís solo lo que es tuyo y solo tuyo, sino aquello que bajo ciertas relaciones puede ser compartido, porque en la intimidad habita el otro.

En fin. San Agustín, un groso. Prometo que en el día de San Pablo, hacemos uno de Ricardo Fort.

 

Buena semana

 

LK

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