San José, santo, padre, esposo ejemplar y claramente un ejemplo antipatriarcal

Por Sabrina Marino // 

“Deja de pedirle novio a San Antonio y mejor rezale a San José para que te mande un marido bueno y trabajador como él”

Creo que no me equivoco en pensar que esas fueron algunas de las palabras más sabias que pude haber escuchado durante los seis años que pasé en las aulas de la Facultad de Teología de la UCA. Ahora que las veo escritas suenan, a lo mejor, un poco misóginas y hétero-patriarcales, pero no apuremos las conclusiones al respecto.

En lo personal despertaron en mí el interés por la figura de San José, llevándome a descubrir que era poco y nada lo que sabía de él.

Sincerémonos, nos acordamos del pobre José recién en diciembre, cuando armamos el pesebre y, es un hecho, que en la postal navideña siempre resaltan todos los personajes más que él, hasta los pastorcitos que llevan, de tanto correr, los zapatos rotos (diría Homero Simpson emocionado).

¿Cuál será la causa de tamaña diferencia? ¿Acaso se lo está discriminando? Y, de ser así ¿Cuál sería el motivo? ¿Quizás porque no es ni rey ni mago, sino un simple carpintero? ¿O quizás porque es un trabajador estándar que pasa sin pena ni gloria por la vida de manera tan desapercibida que nadie se da cuenta? ¿O será porque era un “pollerudo” crédulo que se dejó convencer por una mujer con el relato fantástico de la “Virgen embarazada del Hijo de Dios”?

Esto no es apreciación solo mía, recordemos que en la Biblia aparece muy pocas veces y, a su muerte, no se le dedica ni una palabra. Pero claramente toda esa “mala fama” es fruto de una campaña negativa en su contra, probablemente motivada por la envidia de sus pares masculinos.

Teniendo en cuenta que el 19 de marzo fue su día, vamos a limpiar su imagen resaltando varios aspectos de su vida:

  • Reconoció a un hijo no biológico de su propia esposa, educándolo, formándolo y amándolo de manera ejemplar. Pudiendo haber repudiado a la Virgen públicamente, decidió creer dejando de lado cualquier gesto machista patriarcal.
  • Era un trabajador, un carpintero que vivía de la obra de sus manos, ni estafando ni explotando a nadie, un obrero con todas las letras.
  • Como todo pobre se tuvo que acomodar a situaciones límite para resguardar a su familia, como huir de dónde estaba, porque corría riesgo Jesús, o aceptar un simple establo para que éste naciera.
  • Respetó a su compañera, pudo haber tenido dudas en un principio ¿quién no en su lugar? Pero estuvo presente siempre desde el silencio ya que, al parecer, no necesitaba decir ninguna palabra, ya que él hablaba a través de sus obras.

No sé ustedes pero yo ya estoy convencida, no hay que pedirle más un príncipe azul a San Antonio, mejor hay que pedirle a San José un marido bueno, fiel y trabajador como él.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *